El taller de cocina, una oportunidad para crecer

El ser humano es una criatura curiosa por naturaleza, siempre con ganas de aprender y de mejorar. El taller de cocina es una válvula de escape ideal para satisfacer estas necesidades.

Siempre se habla de que toda persona debería tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro, pero entonces nos dejaríamos fuera algo importante: todos deberíamos saber cocinar y disfrutar con ello. Comer es una de las necesidades fundamentales para todo ser humano, un placer que todos disfrutamos. Del mismo modo, cocinar, sea para uno o para los demás, se puede convertir en toda una experiencia inigualable.

No todo el mundo puede acudir a escuelas de cocina y dedicarse a ello, pues es un trabajo exigente y que requiere tanto de sacrificio como de talento. El mundo de la cocina es tan satisfactorio como extenuante, así que para el resto de los mortales existen los talleres de cocina, pensados teniendo en cuenta las necesidades de aquellos que quieren aprender a cocinar, pero con objetivos más sencillos y tranquilos.

En los talleres de cocina se puede partir de cero, aprendiendo las técnicas culinarias más básicas, como la manera de coger bien un cuchillo y cortar la verdura en juliana o en brunoise, o aprender a escalfar, confitar o caramelizar; por no hablar de cómo preparar bien el espacio de trabajo o incluso un conocimiento más completo de cómo preparar menús equilibrados.

En los talleres siempre estás bajo la supervisión de un chef y tienes la ayuda de tus compañeros, pero luego, al llegar a casa y ponerte de nuevo el delantal, la cocina se convierte en tu reino. La concentración, el dominio del tiempo y el ritmo, son fundamentales a la hora de cocinar, habilidades que contribuyen de manera significativa al crecimiento personal.

Y claro, no podemos dejar de lado la satisfacción que da ver cómo los demás disfrutan de lo que has cocinado. Es una sensación difícil de expresar con palabras, un reconocimiento implícito, una verdad universal reflejada en los ojos de los comensales, tu familia o tus amigos, al probar el mejor de los platos: el que tú mismo has preparado.

Pasión, alegría, concentración y control. Pautas que aprenderás en los talleres de cocina y que podrás usar también en el resto de tus actividades diarias o incluso en el trabajo. ¡Buen provecho!

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